Antonio Ramírez
ardesperu@hotmail.com
En el
umbral del bicentenario como república,
en el tópico del mar peruano, la pesca, la acuicultura, los
climas, los fenómenos naturales y el desarrollo;
muy poco, casi nada tenemos los peruanos de que enorgullecernos, ni un
proyecto, ni un plan que nos conduzca a una visión de país con seguridad
alimentaria y nutricional, menos el desarrollo como país pesquero y acuícola.
Solo caos, desorden, dejadez, corrupción e indiferencia, mucho egoísmo y mezquindad, de grandes y
chicos por depredar y exterminar todo
signo de vida que ofrezca lucro desmedido y rápido.
Allende desde tiempos inmemoriales “el mar peruano” constituyo una
formidable despensa alimentaria en
flora y fauna, que la convirtió en uno de los mares más ricos del planeta.
Sobre el particular, los antiguos peruanos y los del Tahuantinsuyo, aprovechaban el sol del verano para preparar el
“charquicán” de anchoveta que se secaba con los rayos solares, se empacaba
conveniente y se distribuía por todo el territorio, asegurando así el
suministro permanente de proteína animal para la población.
Hace miles de
años y en el acometimiento y prevención del fenómeno El Niño; nuestros ancestros nunca
ocuparon para sus viviendas y cultivos, los cauces de los ríos en
estiaje, menos los lechos de los ríos secos, tampoco las partes bajas e
inundables, no solo conocían el territorio, sino que lo dominaban, lo atravesaban de oriente a occidente y
viceversa, con mayor facilidad que de sur a norte, aunque la puna siempre ha
servido para desplazarse longitudinalmente, pudiendo pasar de un valle a otro.
Los viejos caminos eran por las crestas de los contrafuertes andinos, nunca por
el fondo de los valles, cuando observamos desde el aire la vertiente occidental
de la cordillera, se puede apreciar en los días sin nieblas y sin nubes, como
hasta hoy, se destaca el charquinani o camino andino para peatones y llamas con su carga. Los remotos
senderos recorren los andes, casi en línea recta, subiendo y bajando
ligeramente para pasar de una cresta a otra, de una divisoria a otra, sin
acercarse nunca a la vertiente escarpada, por la cual, es imposible caminar, ni
al fondo de las quebradas por las cuales se precipitan los huaicos destructores
en las épocas de lluvias; así nos lo describe el maestro Javier Pulgar Vidal en su libro: “La
Regionalización Transversal del Perú”.
Es así y en el camino de construcción
de la imprescindible “Agenda Pendiente” encontramos,
que desde la creación del
Ministerio de Pesquería, en el año de 1970,
como ente orgánico y rector del Estado Peruano en materia de
administración y aprovechamiento de la extraordinaria biodiversidad en fauna y
flora existente en nuestro mar, ríos y lagos; la actividad pesquera, jamás ha
contado ni cuenta a la fecha, con una política de estado que afirme los
preceptos de su carta constitucional en relación a su marco jurídico y sobre
todo en la prioridad de su aprovechamiento por parte de las poblaciones ribereñas
y en especial el consumo de pescado de todos los peruanos.
Las administraciones gubernamentales que se han
sucedido desde su creación, nunca han realizado un inventario prospectivo que sirviera como herramienta de gestión
para la construcción de los escenarios de inversión que permitieran asegurar y garantizar la nutrición y la
seguridad alimentaria de nuestros connacionales, así como también de una
canasta de productos exportables que afirmen su desarrollo, tanto de la
pesquería, como de la actividad acuícola. Tampoco se ha realizado un balance
crítico y constructivo de los aciertos y fracasos en que sistemática y
endémicamente se ha incurrido. El trágico resultado como consecuencia de una pesquería
industrial sobre dimensionada; es que todos hemos perdido, tanto así, que al
día de hoy, tenemos un mar empobrecido y casi colapsado, su especie principal,
la anchoveta, eslabón fundamental de su cadena de vida ha sido depredada y va
camino a su extinción, la ancestral pesca artesanal en el abandono total y
ralentizada, con stocks mínimos de peces y cada vez más pequeños, porque no se les permite crecer y
reproducirse, una población de aves guaneras, otrora productoras del guano y
generadoras de una de las épocas falaces más ricas de la historia del Perú en
lo económico y financiero; reducidas a un ridículo 5% y condenadas a la
desaparición o extinción, porque egoísta y mezquinamente les arrebatamos el
alimento, condenándolas a la muerte sistemática por inanición y en la
inminente tragedia del rico mar peruano a punto de convertirse en mito o
leyenda.
Ante este sombrío y desconcertante panorama,
los peruanos ingresamos a la campaña electoral para elegir nuevas autoridades
que dirigirán los destinos del país en el periodo 2016-2021. Esperamos que los
candidatos y el ganador de este proceso, exhiban ante los electores y el país, “un Plan Prospectivo para la pesca y la
acuicultura” que ponga fin al desorden, la corrupción y la insostenibilidad
de la totalidad de la pesquería nacional, que promueva con técnicos y
especialistas, la superación de esta “agenda
pendiente” y por fin, que facilite y
promueva en beneficio de los pescadores y consumidores, pesquerías
ordenadas y sostenibles, con capacidad plena de ocupación de los 906,454 KM² y de producción
local y de exportación en valores superiores a los 20 mil millones de dólares
en términos anuales y la generación de más de un millón de puestos de trabajo;
lograr que el patrimonio genético superior a más de 3300 especies de peces, mamíferos
marinos, moluscos, aves, y flora marina compuesta de algas y micro algas; se
conviertan en un valioso potencial nutricional, alimentario, gastronómico,
industrial y farmacológico; propiciar que sus 3080 km de los bordes costeros de
su largo litoral, inclusive espacios de mar abierto, se constituyan en enormes potenciales para el cultivo y
crianza de peces, moluscos y algas a nivel intensivo; incluyendo las 262
cuencas hidrográficas y sus más de 12000 lagos y lagunas que existen en el
espacio continental, promoviendo al Perú como uno de los primeros países en
desarrollo pesquero y acuícola del planeta;
Considerando que, el mar provee más
del 80% del oxígeno que respiramos, que las corrientes y los vientos determinan
la calidad y riqueza de sus ecosistemas a través del plancton que arrastran;
pero sobretodo, el mar es fundamental para conocer mucho más sobre la evolución
del clima e inclusive sus fenómenos recurrentes, como lo son El Niño, las ondas
Kelvin y sus impactos sobre el territorio, proponemos como tema de agenda que sus 21
islas y 11 puntas existentes en las proximidades de su largo litoral, sean
reconocidos como santuarios de vida e intangibles para
la pesca, en un radio no menor de las cinco millas y de laboratorio científico
natural, para que nos prodiguen el guano de islas, el más importante
fertilizante orgánico para impulsar la agricultura del futuro, y en cuanto a
las especies de peces de alto valor comercial, que estos sirvan para
repotenciar los nuevos escenarios para la apetecida actividad turística de
avistamiento de aves y mamíferos marinos, de una gastronomía nacional, ya
reconocida, como la más variada, exquisita y exigente a nivel mundial,
generando espacios de más oportunidades de inversión, empleo y riqueza y en el
caso de laboratorio científico, para hacer seguimiento a las anomalías térmicas
de nuestro mar y sustentar políticas eficaces de prevención de desastres.
Finalmente y estando a tan solo ocho meses del advenimiento de una nueva
administración gubernamental, cuyo reto ha de ser corregir rumbos y poner la
proa hacia al Bicentenario Fundacional de la República también es conveniente
considerar; la urgente creación de un Ministerio de Pesca y Acuicultura, cuyo
rol esencial será, facilitar y promover
la inversión privada, la erradicación del caos, el desorden y la corrupción,
sobre todo en base a criterios precautorios y de sostenibilidad. El hacerlo es
imperativo y no optativo, mañana puede ser demasiado tarde y catastrófico para
el país y en particular para las generaciones que vendrán.