Jean
Ziegler, relator especial de la ONU sobre el derecho de la alimentación en
Ginebra, Suiza en el día mundial de la alimentación 16 octubre-2001– dijo que
no había nada que celebrar y afirmó:“Cada víctima de hambre supone un asesinato
cada siete segundos, un niño menor de 1 año muere por efectos directos o
indirectos del hambre, - “esto es 9 cada minuto 514 cada hora, 12,342 cada día”
- En un mundo con capacidad suficiente para proporcionar una dieta de 2,700
calorías diarias a 12,000 millones de personas”. A la fecha, esta situación
poco ha variado.
Foto Imarpe
En el Perú de hoy, mucho se
habla sobre la Anchoveta, se dice que es un pez pequeño y muy graso, que no es apto para
consumo humano directo, que por sus costumbres de pesca y su abundancia sólo se
debe destinar al consumo humano indirecto, esto es, procesarla como harina y
aceite de pescado y su empleo posterior en alimentación animal. Sobre esta
triste realidad, es bueno decirlo, nuestra comunidad científica y profesional,
no sabemos, si por temor a perder o conseguir un empleo por parte de una
industria rentista y mercantilista calla cobardemente, como callaron cuando se
depredó el guano como producto secundario insumido y defecado por las aves e
igual ahora cuando su pesca viene generando una salvaje depredación que amenaza
su existencia y sostenibilidad; en
perjuicio de las generaciones venideras.
Es por eso, que conviene al Perú a la luz de su historia, desmiticar a la
anchoveta como alimento ancestral y
milenario de los antiguos peruanos y convertirla
en una eficaz alternativa en la lucha contra el hambre, tal y como reza, el
Primer Objetivo del presente milenio…Necesitamos menos discursos, no guerras
por su pesca y más valentía y solidaridad con los que menos tienen y padecen de
hambre oculta, he aquí algunos pasajes de la historia en la busca de una cabal
comprensión:
Nos relata el Padre Bernabé Cobo en su obra “Historia del Nuevo Mundo”, escrita el año 1653 y
publicada en la “Biblioteca de Autores Españoles” (tomo 91, Madrid, Gráficas
Orbe, 1956, páginas 299, 300) lo siguiente:...."No es menor la copia que hay de anchovetas en
las mismas costas; las cuales también algunas veces, por su multitud, varan en
tierra y se quedan en seco, particularmente cuando son perseguidas por peces
grandes; y cuando así dan en tierra, suele quedar un gran camellón dellas a lo
largo de la playa, como yo lo vi una vez, que no fue posible agoralas. Suelen
venir por esta costa del Perú tan espesos cardúmenes de anchovetas, que
navegando yo de Lima a Trujillo el año de 1627, nos cercó un navío, uno tan
grande, que parecía una mancha negra el agua, y por estar a la sazón en calma,
las cogía la gente del navío a canastos, con no más trabajo que meter los
canastos de canto en la mar y sacarlos llenos de anchovetas. En esta ciudad de
Lima y en su comarca se gusta todo el año gran cantidad de anchovetas frescas y
se tiene por pescado regalado [sinónimo de delicado y exquisito] y de muy buen sabor; fuera de que es un gran socorro para la gente
pobre, porque con un real de anchovetas cena toda la gente de una casa, aunque
sean diez o doce personas.
Cuando
veo tan grande inmensidad de anchovetas en esta mar del sur, vengo a sentir,
que así como crió Dios la hierba en los campos para pasto de
animales terrestres, así también crió las anchovetas en la mar para sustento de
los acuátiles; porque todo género de pescado mayor y menor, con otra infinidad
de aves marinas, se mantienen déllas; y los pescadores no ponen de ordinario en
los anzuelos otra carnada o cebo que de anchovetas para pescar todo género de
peces. También se secan muchas al sol y se llevan a varias partes.
Don Baltasar Jaime Martínez Compañón, que fuera obispo de Trujillo del
Perú en el siglo XVIII, registra una acuarela que representa una anchoveta, así
como otras dos sobre el sistema empleado en la pesca por los indígenas de la
costa peruana.
Don Ricardo Palma, nuestro
célebre tradicionista, menciona el
consumo humano de anchovetas en el Perú, en su tradición “Rudamente, pulidamente,
mañosamente”. Allí él dice “¡Qué fortuna la de las anchovetas! En vez de ir al
puchero se las deja tranquilas en el agua” (“Tradiciones peruanas
completas”, Madrid, Aguilar S. A. de Ediciones, Selecciones Gráficas, 1968,
página 646).
Además, hemos encontrado dos antiguas recetas para la preparación de
las anchovetas, tanto las frescas como las secas y saladas que menciona fray
Bernabé Cobo.
Estas se encuentran, nada menos, que en la obra “Nuevo
manual de la cocina peruana escrito en forma de diccionario por un limeño
mazamorrero” (Lima, Librería Francesa Científica y Casa Editorial E.
Rosay, 1926, páginas 10-11). Esas recetas son las siguientes: “Anchovetas. – Estos pescaditos, que con tanta profusión se expenden
en todos los mercados de la costa, se comen cuando son frescos, echándolos a
freír en manteca, con un poco de sal, hasta que se tuesten; si son secos y
salados, se les lava en agua caliente y luego se les pone a freír en aceite de
olivo [sic] con un poco de ajos enteros, aderezándolos después con el mismo
aceite, cebolla cruda a rajitas y un poco de vinagre blanco”.
Según los ilustres Comentarios Reales, los Incas consumían mucho
pescado, el que cuando era cocinado al fuego era llamado “Kanka”, conociéndolo
con ese mismo nombre cuando era envuelto en hojas de hierbas aromáticas. Si lo
sancochaban en agua con hierbas aromáticas lo llamaban “challwachupe” y si lo
preparaban en un guiso con papas lo llamaban “lokro”, nombre que se conserva
hasta la actualidad y se le da a un plato preparado con zapallo.
Existen algunos cronistas
españoles de la época, como Francisco de Jerez, Agustín de Zarate, Bernabé Cobo
y Pedro Cieza de León, que coinciden en señalar que los “indios”, consumían
pescado crudo, cortándolo en trozos pequeños y macerándolos en chicha de gran
contenido alcohólico. Esto lo confirma el cronista Salomón Melchor, quien
menciona la preparación de un plato macerando el pescado en jugo de tumbo
agrio, sin mencionar el uso de ají; sin embargo, si tomamos los comentarios del
famoso cronista Garcilaso de la
Vega , quien dice que “el ají lo usaban en todo”, es de
suponer que el mismo era un ingrediente principal en la preparación de este
primitivo estilo de ceviche.
Como vemos, las anchovetas siempre
fueron apreciadas como un alimento bueno y muy sabroso, por los antiguos peruanos, en
todos los días del año.

Excelente articulo, esperemos que sea tomado encuenta antes de desatar la insensatez de llenar todas las lagunas altoandinas con truchas, quienes se benefician con este negocio? las comunidades? no lo creo, vean y miren quien ha crecido mas la comunidad o el que les vende el alimento. (a base de anchoveta)
ResponderEliminarSolo la información cambiará el futuro de nuestro país. Gracias por tu comentario amigo Ridberth.
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